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Bogotá · Mesa

El Chato y la nueva Bogotá

Álvaro Clavijo cocinó Colombia sin folklore y un bistró de Chapinero se quedó con el número uno de América Latina. La capital, por una vez, no se disculpa.

Andrés Pardo

Colombia y Caribe·Marzo 2026·8 min

El Chato y la nueva Bogotá
Chapinero, interior. Los frascos no son decoración: son la despensa.

Bogotá está a 2.600 metros, llueve un poco todos los días y no intenta seducir. Por eso funciona. En 2025, Latin America’s 50 Best nombró a El Chato el mejor restaurante de América Latina: un bistró de Chapinero, de Álvaro Clavijo, que trata el cubio, la guasca, el chontaduro y la hormiga culona como lo que son —materia prima, no folklore—. No hay palacio. Hay frascos de fermentos en las paredes, un almuerzo de once pases que no aplasta, y un servicio que pone el ingrediente crudo junto al plato, como un show-and-tell para adultos.

Clavijo no cocina nostalgia. Cocina provocación con producto colombiano: tartar de res con yacón y garum de hongo, caracol de mar con uchuva, un tamal fermentado. El Sour de uchuvas, en la barra, es el cóctel de la casa. El ambiente es de barrio, no de gala, y esa es la tesis: la mejor mesa del continente no necesita un salón imperial. Necesita una despensa.

El número uno de América Latina es un bistró de Chapinero. Eso también es una noticia política.

El resto de la sabana

Leo, de Leonor Espinosa, fue durante años el templo. Sigue importando. Mini-Mal y Prudencia resuelven otras noches. La Candelaria es un medio día —el Museo del Oro justifica el taxi—. Dormir en Chapinero o Teusaquillo. Tres días si se reserva El Chato; dos, si no. El almuerzo, no la cena: la luz de la sabana entra por las ventanas y el menú lo agradece.

Guía de Bogotá.