El puerto que se niega
Valparaíso
Cerros, ascensores y una belleza que no se conserva: se sostiene.

Valparaíso no es un pueblo pintado para el crucero, aunque a veces lo parezca. Es un puerto del Pacífico con ascensores que fallan, cerros que se queman, y una luz que Turner habría entendido. Se camina. Se sube. Se come un pescado simple en el mercado y se duerme en un cerro, no en Viña.
Cerro Alegre y Concepción son el folleto. Los cerros de atrás —Arrayán, Cárcel, La Cruz— son la ciudad. Un día alcanza para la postal; dos, para entender por qué la gente se queda.