Bajo el volcán

Antigua

Una ciudad colonial que el volcán no ha terminado de negociar.

Antigua

Antigua cabe en un paseo y se queda en la cabeza por el Volcán de Agua, que cierra cada perspectiva como un telón. Las ruinas de los conventos, el arco de Santa Catalina, el jade y el café: el folleto es cierto, y por eso hay que levantarse temprano. A las ocho, la ciudad es de piedra y de humo de leña. A las once, de grupos.

Dormir en un claustro reconvertido —El Convento, Mesón Panza Verde—. Comer pepián y un café de Huehuetenango. El Lago de Atitlán es otra revista, a tres horas, y merece su propio viaje, no un día añadido.